Casi todos hemos hecho propósitos de año nuevo: ahorrar, hacer un viaje, encontrar novio/novia, comprar un carro, volver a la U, hacer ejercicio, salir de deudas, empezar una empresa propia, etc. Y es que la mayoría de propósitos de año nuevo vienen como respuesta al caos con el que terminamos el año anterior: aquellos varios kilos de más, la tarjeta de crédito hasta el tope (por culpa de que Santa Claus no existe), sentimientos tipo “Navidad sin ti”, la “cuesta de enero”, etc.

Ya que estamos en el principio de año, vamos un momento al principio de todo:

1En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. 3Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 4Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. (Génesis 1.1-4).

Versículo 1

En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

Dios es el comienzo de todas las cosas. No importa la forma en que las cosas pasaron, o los instrumentos o mecanismos que Dios usó para hacerlo (como el “big-bang”). Es como el comienzo de tu vida: no importa si fue una cigüeña, un repollo o lechuga, un paquete que llegó de París, o un error de cálculo de tus padres. No importa si fue un nacimiento planeado, un “golazo”, un pecado o un milagro. Lo importante es que Dios fue el que hizo comenzar tu vida cuando sopló su aliento sobre aquel ser microscópico. En este Principio de Año, reconoce que Dios es el que por su misericordia te está dando la oportunidad de vivir el 2012.

Versículo 2

Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.

Los comienzos siempre son desordenados y vacíos. Piensa en un lienzo blanco, listo para ser pintado por Bob Ross. Está vacío. Y cuando Bob empezaba a pintar, hacía un parchón café rarísimo por aquí, una mancha celeste por allá, y llegaba un momento en el que uno decía “este hombre ya echó a perder todo”. Al final quedaba aquel súper paisaje impresionante. Para Bob sólo era cuestión de tiempo. También así comienza una casa: un lote vacío, y luego una montaña de arena, huecos en la tierra, un polvazal, y gente trabajando. Para el ingeniero sólo es cuestión de tiempo.

Así es Dios. Hoy está comenzando con nosotros un nuevo año en blanco, lleno de misericordias y oportunidades. Pero puede que éste principio de año, más que vacío, esté desordenado: deudas, pleitos, heridas, enfermedades, pecados, vicios, ataduras. Piensa en todas aquellas cosas que le has prometido 1000 veces a Dios que vas a cambiar. Tu manera de ser, tu vocabulario, aquella costumbre de mentir, tu pereza en el trabajo, aquel pecado oculto, tu manera de vivir tu sexualidad, la manera en que respondes al amor de Dios por medio de tu servicio, tantas cosas. Ese es tu desorden. Es un Principio de Año desordenado y tal vez vacío. Pensando en el vacío, ¿qué te hace falta? ¿Qué hubieras deseado que te regalaran en Navidad, que no sea material? ¿Un abrazo de un familiar que hace tiempo no te habla? ¿Un nuevo empleo? ¿El calor de una persona que te ame tal y como eres?

Versículo 3

Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.

No hay nada peor que caminar a oscuras en medio de un lugar desordenado. Como cuando uno se levanta a medianoche para ir al baño, y todo el trayecto de la cama al baño está llena de obstáculos: el maletín de la compu, los pantalones que se quitó la noche anterior, los cables para cargar el celular, la caja de la pizza, el cuchillo para cortar la pizza, la cáscara del banano que se comió de postre, etc. Lo primero que hay que hacer es encender la luz. Eso fue lo primero que hizo Dios, encender la luz de la creación. Los científicos de alguna manera explican que en el momento que la luz fue creada, comenzó el tiempo y el espacio, y todas las leyes naturales.

Hoy es un día para que desde el Principio de Año, se cumpla en ti aquella palabra que dice:

El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. (Isaías 9.2)

Lo primero que necesitas es Luz. Ahora, a algunas personas les gusta caminar a oscuras en medio del desorden:

19Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. 21Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios. (Juan 3.19–21)

¿Qué prefieres en este 2012, caminar en luz o en oscuridad?

Versículo 4

Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.

¡Por supuesto que la luz es buena! Vivir de la mano de Dios es mejor, es superior a lo que ofrece el mundo. Sólo existe una manera de separar la luz de las tinieblas:

1Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. 2Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. 3Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento. (Isaías 60.1–3)

Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (Juan 8.12–13)

1Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. 2En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. 3Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, 4y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. 5No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos. (Apocalipsis 22.1–5)

El que separa la luz de las tinieblas es Jesús. ¿Qué lugar le vas a dar a Jesús en este 2012?

Alfa y Omega

¿Cómo podemos hacer para terminar el año igual que como empezamos? ¿Cómo no desanimarnos en el camino? La clave está precisamente en que Jesús sea nuestro Principio y nuestro Final.

12He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. 13Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. 14Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. 15Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira. 16Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana. (Apocalipsis 22.12–16)

Alfa y Omega significa que Jesús sea nuestro Principio de Año y nuestro Final. También significa que Él sea nuestro primer pensamiento en la mañana, y nuestra última conversación al acostarnos. También significa que Él está presente a lo largo de nuestro día, en cada decisión. ¿Qué haría Jesús? ¿Qué le agradaría y honraría a Él?

5Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, 6y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. 7He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. 8Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso. (Apocalipsis 1.5–8)