¿Qué quieres hacer? Esa idea que tienes, ¿ya sabes cómo la vas a convertir en realidad? No hablo sólo de asuntos ministeriales, sino de terminar tus estudios, conocer a quien será tu cónyuge, comenzar tu propia empresa, aprender otro idioma, o tomar esa decisión difícil que sólo tú pareces entender. ¿Adónde quieres llegar? ¿Qué estás esperando para moverte hacia adelante?

La mayoría de la gente comienza su juventud con grandes sueños y metas inspiradoras. Pero a lo largo de los años, avanzan lentísimo en tomar sus decisiones y poner a caminar sus proyectos, y cuando llegan al final de la vida se dan cuenta de que aquello que al inicio los motivó a luchar se había esfumado en el olvido, o en la frustración de no poder llegar tan lejos como esperaban.

¿Cómo van tus proyectos? ¿Dónde están las palabras que Dios te ha dicho? Por favor no me digas que los tienes enterrados en el “cementerio de las buenas intenciones”. ¿Será que tu fe está muerta, y por eso la enterraste? La Biblia nos dice que la fe sin obras está muerta y quizás eso explica todo: te ha faltado hacer, actuar, caminar. Tal vez tu fe se quedó en el papel, y no te has atrevido a dar el paso, por temor. El temor paraliza, debilita, provoca la muerte.

Estoy cansado de escuchar en nuestro medio cristiano, desde hace ya algunos años, la mentira de que si algo se pone “cuesta arriba” debe ser que no es la voluntad de Dios. Es una miserable excusa para no luchar, para sacudirnos de nuestra responsabilidad como creyentes, y esperar que Dios haga absolutamente todo, incluso lo que nos toca a nosotros.

Es la “mentalidad de los diez espías” la que dice que no es la voluntad de Dios que camines hacia donde hay gigantes y ciudades amuralladas. ¿A quién vas a escuchar? ¿A las voces de los diez que siempre tienen un NO como la respuesta “default” para todo, o prefieres escuchar a esos dos valientes que sí conocían quién era su Dios, y que preferían un SI por respuesta?

Yo creo que ya es hora de que despiertes, de que resucites tus metas y sueños muertos, y que le pongas vida a tu fe. Yo te animo a creerle a Dios, pero no de palabra ni de intención solamente, sino de verdad y de hecho, y estar dispuesto a lanzarte valiente hacia la conquista de tu tierra prometida.