Soy Deudor
“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.” — Mateo 9.35–38
INTRODUCCIÓN
Quiero contarles una historia de una persona que tiene actualmente una deuda enorme de dinero, de varios millones de colones. De hecho, varias veces ha estado cerca de perder su casa (tiene esposa y varios hijos) porque simplemente no le alcanza el salario para pagar las mensualidades. Todos los años por esta época comienza a planear sus vacaciones de fin de año, a veces en un hotel de playa y a veces fuera del país. Posiblemente él actúa así porque piensa que tiene derecho de vivir una buena vida y de cumplir sus deseos, aunque esto signifique no pagar sus deudas, o incluso empeorarlas. El problema que él tiene es que al pensar en sus derechos olvida uno de sus deberes más importantes: es deudor.
¿Cómo una persona puede ser tan irresponsable de darse la gran vida cuando debería estar esforzándose por salir adelante con sus deudas? Piénsalo bien: hay mucha gente que comete exactamente el mismo error con Dios. Piensan que tienen derecho de vivir sus vidas como les dé la gana, satisfaciendo sus deseos mientras olvidan algo que espiritualmente también es verdad: somos deudores. Le debemos nuestra vida a Jesús, pues fuimos comprados por precio de sangre para no morir en nuestros delitos y pecados.
Es más, el apóstol Pablo aplica esto en Romanos 1:14-17 a la deuda que tenemos de predicar y dar a conocer a Jesús a todo mundo, sin distinción de nacionalidad o categoría: “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma. Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.” — Romanos 1.14–17
No es justo ser tan irresponsable de vivir ignorando que nuestra vida le pertenece a Él. Hoy hago memoria de uno de mis deberes más importantes: SOY DEUDOR. Hace muchos años Jesús pagó con su muerte, hoy yo pagaré con mi vida.
DESARROLLO
Mire un momento la silla en la que usted está sentado. ¿Cuántas sillas vacías hay alrededor suyo? ¿Le gustaría a usted que esos espacios estuvieran ocupados por alguien? A Dios sí. Tanto, que por eso “ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” — Juan 3.16–17
“Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” — Romanos 10.13–15
Nos toca a nosotros
Quiero confrontarlos con una verdad: Nosotros somos los responsables de hacer que las personas conozcan de Jesús. Muchos piensan que automáticamente “El Señor añade cada día a la iglesia los que han de ser salvos.” — Hechos 2.47. En realidad eso comenzó después de que la iglesia de los primeros años “perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. […] y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo… y entonces ahora sí: Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.” — Hechos 2.42–47. No podemos pretender que Dios añada la gente, si no estamos haciendo todo lo que los primeros cristianos estuvieron dispuestos a hacer para que eso pasara.
El ministerio de la reconciliación
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” — 2 Corintios 5.17–21
Este ministerio es para todos
¿Cómo ha llegado la gente a Oasis? ¿Cómo llegaron a tu GAL? ¿Gracias a un programa de radio? ¡NO! Ha sido por RELACIÓN. Alguien le compartió de Jesús cara a cara. ¿Qué estamos esperando para seguir haciéndolo? Mira las noticias, sal de la cueva, alza tus ojos y mira. Es tiempo de siega, no es momento para estar dormido. Un cristiano que no habla de Jesús está dormido. “El que duerme en el tiempo de la siega es hijo que avergüenza.” — Proverbios 10.5
“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” — Mateo 5.13–16
Importancia del evangelismo en el mensaje de Jesús
Fue lo primero que le dijo a sus discípulos
“Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.” — Mateo 4.18–22
Fue lo último que le dijo a sus discípulos
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” — Mateo 28.19–20
“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” — Hechos 1.8
Hay que orar por los obreros, NO por la mies
“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.” — Mateo 9.36–38
¿Cuántas veces hemos orado para que lleguen más personas a la iglesia? ¡La mies está lista! ¡Lo que hace falta es gente que vaya y la recoja! No ore porque venga gente nueva. ¡Ore porque los que estamos aquí metidos vayamos a traerlos! Alguien decía que “es más fácil hablarle a Dios de las almas, que a las almas de Dios”. ¿Quién agarra un montón de canastas de café, y las pone dentro de la bodega, y le ruega a Dios que los granos de café empiecen milagrosamente a llenar las canastas? Tenemos que entender que la iglesia no son estas 4 paredes. La iglesia somos nosotros. No podemos esperar a que los inconversos vengan a la iglesia. ¡La iglesia tiene que ir a los inconversos!
“El fruto del justo es árbol de vida; Y el que gana almas es sabio.” — Proverbios 11.30. ¿Cuándo fue la última vez que le compartiste de Jesús a alguien que estaba lejos de Él?
Iglesia: ¿hospital para sanos?
“Después volvió a salir al mar; y toda la gente venía a él, y les enseñaba. Y al pasar, vio a Leví hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y levantándose, le siguió. Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos; porque había muchos que le habían seguido. Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.” — Marcos 2.13–17
El cielo no es para los buenos, sino para los perdonados
Si Dios no hace discriminación de personas, ¿por qué nosotros sí? “Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio.” — Marcos 1.40–42
La ley decía que los leprosos no podían tener ningún contacto con las personas sanas. Tenían que gritar: “¡IMPURO!” y mantenerse fuera de la ciudad. Sin embargo, cuando este leproso se acercó a Jesús y le dijo: “Si quieres puedes limpiarme”, Jesús no se alejó. Para el asombro de todos, Jesús extendió su mano y tocó a este hombre que nadie había tocado durante años. Jesús no tenía que hacer eso; él sencillamente pudo haber sanado al hombre a través de su palabra. Pero en lugar de eso, extendió su mano para tocarlo, luego le dijo: “Sé limpio”. ¿Se contagió Jesús de lepra? ¡No, todo lo contrario! Jesús estaba tan lleno de vida y salud que “contagió” al leproso con las buenas nuevas del reino de Dios. Jesús era más contagioso con el poder y amor de Dios, que lo que el leproso era con su enfermedad. Si el Espíritu de Dios vive en su interior, usted también puede experimentar eso. Usted puede ser un cristiano más contagioso que la influencia del mundo. Observe sus manos por un momento. ¿Qué tan a menudo las extiende para servir a alguien que está alejado de Dios?
CONCLUSIÓN
“Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. Cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya muy avanzada. Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren pan, pues no tienen qué comer. Respondiendo él, les dijo: Dadles vosotros de comer. Ellos le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer? Él les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo. Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos peces. Y les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde. Y se recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta. Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos. Y comieron todos, y se saciaron. Y recogieron de los pedazos doce cestas llenas, y de lo que sobró de los peces. Y los que comieron eran cinco mil hombres.” — Marcos 6.34–44
¿Está Jesús en este lugar? ¿Hay aquí por lo menos 12 discípulos de Él? ¿Hay aquí un par de panes y peces? ¿Hay allá afuera 5000 personas? Deja de pensar como ellos, de que se necesitaban 200 denarios para alimentar a la multitud. Lo que necesitas ya lo tienes, se llama JESÚS, pan de vida para el que está hambriento. Hoy es un día para renovar nuestro compromiso con Dios. Tenemos una deuda de amor, una responsabilidad en este mundo. La lámpara no fue creada para sostener la puerta. Fue creada para alumbrar la casa.
¿Late tu corazón por lo mismo que latió el de Jesús? ¿Puedes decir que tienes compasión de ellos porque están desamparados y dispersos como ovejas que no tienen pastor? ¿Se conmueve tu corazón al verlos perdidos y sin Dios? ¿Qué es lo que extiendes hacia ellos: tu dedo para señalar, o tu mano para rescatar?
Si no tenemos esa compasión que Él tuvo, todavía tenemos esperanza. La compasión que Jesús sentía por los perdidos se nos transmite cuando pasamos tiempo de intimidad con Él. ¿Somos gente de comunión constante con Dios, o venimos sólo domingo a domingo a tratar de resucitar nuestra vida devocional? ¿Es Jesús el Alfa y Omega de nuestra vida, el Principio y Fin de nuestro día, el primer pensamiento en la mañana y el último en la noche?
“Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: HEME AQUÍ, ENVÍAME A MÍ” — Isaías 6:8
