David Azofeifa

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David Azofeifa es uno de los líderes de la Red 54 de Oasis Moravia. Ha conocido a Dios desde niño, pues sus padres Ramón y Sandra han servido a Dios desde su juventud en el pastorado y la enseñanza. Está casado con Melissa Guillén desde el 2009, con quien comparte su pasión por el servicio en el ministerio de jóvenes.

Web: http://www.davidazofeifa.com/

Entradas de David Azofeifa
Alfa y Omega

Alfa y Omega

Casi todos hemos hecho propósitos de año nuevo: ahorrar, hacer un viaje, encontrar novio/novia, comprar un carro, volver a la U, hacer ejercicio, salir de deudas, empezar una empresa propia, etc. Y es que la mayoría de propósitos de año nuevo vienen como respuesta al caos con el que terminamos el año anterior: aquellos varios kilos de más, la tarjeta de crédito hasta el tope (por culpa de que Santa Claus no existe), sentimientos tipo “Navidad sin ti”, la “cuesta de enero”, etc.

Ya que estamos en el principio de año, vamos un momento al principio de todo:

1En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. 3Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 4Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. (Génesis 1.1-4).

Versículo 1

En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

Dios es el comienzo de todas las cosas. No importa la forma en que las cosas pasaron, o los instrumentos o mecanismos que Dios usó para hacerlo (como el “big-bang”). Es como el comienzo de tu vida: no importa si fue una cigüeña, un repollo o lechuga, un paquete que llegó de París, o un error de cálculo de tus padres. No importa si fue un nacimiento planeado, un “golazo”, un pecado o un milagro. Lo importante es que Dios fue el que hizo comenzar tu vida cuando sopló su aliento sobre aquel ser microscópico. En este Principio de Año, reconoce que Dios es el que por su misericordia te está dando la oportunidad de vivir el 2012.

Versículo 2

Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.

Los comienzos siempre son desordenados y vacíos. Piensa en un lienzo blanco, listo para ser pintado por Bob Ross. Está vacío. Y cuando Bob empezaba a pintar, hacía un parchón café rarísimo por aquí, una mancha celeste por allá, y llegaba un momento en el que uno decía “este hombre ya echó a perder todo”. Al final quedaba aquel súper paisaje impresionante. Para Bob sólo era cuestión de tiempo. También así comienza una casa: un lote vacío, y luego una montaña de arena, huecos en la tierra, un polvazal, y gente trabajando. Para el ingeniero sólo es cuestión de tiempo.

Así es Dios. Hoy está comenzando con nosotros un nuevo año en blanco, lleno de misericordias y oportunidades. Pero puede que éste principio de año, más que vacío, esté desordenado: deudas, pleitos, heridas, enfermedades, pecados, vicios, ataduras. Piensa en todas aquellas cosas que le has prometido 1000 veces a Dios que vas a cambiar. Tu manera de ser, tu vocabulario, aquella costumbre de mentir, tu pereza en el trabajo, aquel pecado oculto, tu manera de vivir tu sexualidad, la manera en que respondes al amor de Dios por medio de tu servicio, tantas cosas. Ese es tu desorden. Es un Principio de Año desordenado y tal vez vacío. Pensando en el vacío, ¿qué te hace falta? ¿Qué hubieras deseado que te regalaran en Navidad, que no sea material? ¿Un abrazo de un familiar que hace tiempo no te habla? ¿Un nuevo empleo? ¿El calor de una persona que te ame tal y como eres?

Versículo 3

Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.

No hay nada peor que caminar a oscuras en medio de un lugar desordenado. Como cuando uno se levanta a medianoche para ir al baño, y todo el trayecto de la cama al baño está llena de obstáculos: el maletín de la compu, los pantalones que se quitó la noche anterior, los cables para cargar el celular, la caja de la pizza, el cuchillo para cortar la pizza, la cáscara del banano que se comió de postre, etc. Lo primero que hay que hacer es encender la luz. Eso fue lo primero que hizo Dios, encender la luz de la creación. Los científicos de alguna manera explican que en el momento que la luz fue creada, comenzó el tiempo y el espacio, y todas las leyes naturales.

Hoy es un día para que desde el Principio de Año, se cumpla en ti aquella palabra que dice:

El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. (Isaías 9.2)

Lo primero que necesitas es Luz. Ahora, a algunas personas les gusta caminar a oscuras en medio del desorden:

19Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. 21Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios. (Juan 3.19–21)

¿Qué prefieres en este 2012, caminar en luz o en oscuridad?

Versículo 4

Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.

¡Por supuesto que la luz es buena! Vivir de la mano de Dios es mejor, es superior a lo que ofrece el mundo. Sólo existe una manera de separar la luz de las tinieblas:

1Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. 2Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. 3Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento. (Isaías 60.1–3)

Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (Juan 8.12–13)

1Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. 2En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. 3Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, 4y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. 5No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos. (Apocalipsis 22.1–5)

El que separa la luz de las tinieblas es Jesús. ¿Qué lugar le vas a dar a Jesús en este 2012?

Alfa y Omega

¿Cómo podemos hacer para terminar el año igual que como empezamos? ¿Cómo no desanimarnos en el camino? La clave está precisamente en que Jesús sea nuestro Principio y nuestro Final.

12He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. 13Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. 14Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. 15Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira. 16Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana. (Apocalipsis 22.12–16)

Alfa y Omega significa que Jesús sea nuestro Principio de Año y nuestro Final. También significa que Él sea nuestro primer pensamiento en la mañana, y nuestra última conversación al acostarnos. También significa que Él está presente a lo largo de nuestro día, en cada decisión. ¿Qué haría Jesús? ¿Qué le agradaría y honraría a Él?

5Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, 6y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. 7He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. 8Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso. (Apocalipsis 1.5–8)

NO ME PODRÁN CALLAR

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.” — Mateo 9.36–38

Jesús sabía que el problema no era la cosecha, sino la escasez de personas que vengan y tomen cada uno una canasta y vayan afuera a recoger el fruto. Una cosecha que no se recoge, se pierde, y no vamos a permitir que eso suceda con las miles de almas necesitadas de Dios que están alrededor nuestro, hambrientas y sedientas de Él.

Mira las noticias, sal de la cueva, alza tus ojos y mira. Ha llegado el tiempo de la siega. Un cristiano que no habla de Jesús está dormido. “El que duerme en el tiempo de la siega es hijo que avergüenza.” (Proverbios 10.5). Por el contrario, “El fruto del justo es árbol de vida; y el que gana almas es sabio.” (Proverbios 11.30).

Mensaje de Jason Frenn

Plaza de la Cultura y Fiestas de Zapote

Video Promocional – Parte 1

Video Promocional – Parte 2

Deuda

Soy Deudor

“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.” — Mateo 9.35–38

INTRODUCCIÓN

Quiero contarles una historia de una persona que tiene actualmente una deuda enorme de dinero, de varios millones de colones. De hecho, varias veces ha estado cerca de perder su casa (tiene esposa y varios hijos) porque simplemente no le alcanza el salario para pagar las mensualidades. Todos los años por esta época comienza a planear sus vacaciones de fin de año, a veces en un hotel de playa y a veces fuera del país. Posiblemente él actúa así porque piensa que tiene derecho de vivir una buena vida y de cumplir sus deseos, aunque esto signifique no pagar sus deudas, o incluso empeorarlas. El problema que él tiene es que al pensar en sus derechos olvida uno de sus deberes más importantes: es deudor.

¿Cómo una persona puede ser tan irresponsable de darse la gran vida cuando debería estar esforzándose por salir adelante con sus deudas? Piénsalo bien: hay mucha gente que comete exactamente el mismo error con Dios. Piensan que tienen derecho de vivir sus vidas como les dé la gana, satisfaciendo sus deseos mientras olvidan algo que espiritualmente también es verdad: somos deudores. Le debemos nuestra vida a Jesús, pues fuimos comprados por precio de sangre para no morir en nuestros delitos y pecados.

Es más, el apóstol Pablo aplica esto en Romanos 1:14-17 a la deuda que tenemos de predicar y dar a conocer a Jesús a todo mundo, sin distinción de nacionalidad o categoría: “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma. Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.” — Romanos 1.14–17

No es justo ser tan irresponsable de vivir ignorando que nuestra vida le pertenece a Él. Hoy hago memoria de uno de mis deberes más importantes: SOY DEUDOR. Hace muchos años Jesús pagó con su muerte, hoy yo pagaré con mi vida.

DESARROLLO

Mire un momento la silla en la que usted está sentado. ¿Cuántas sillas vacías hay alrededor suyo? ¿Le gustaría a usted que esos espacios estuvieran ocupados por alguien? A Dios sí. Tanto, que por eso “ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” — Juan 3.16–17

“Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” — Romanos 10.13–15

Nos toca a nosotros

Quiero confrontarlos con una verdad: Nosotros somos los responsables de hacer que las personas conozcan de Jesús. Muchos piensan que automáticamente “El Señor añade cada día a la iglesia los que han de ser salvos.” — Hechos 2.47. En realidad eso comenzó después de que la iglesia de los primeros años “perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. […] y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo… y entonces ahora sí: Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.” — Hechos 2.42–47. No podemos pretender que Dios añada la gente, si no estamos haciendo todo lo que los primeros cristianos estuvieron dispuestos a hacer para que eso pasara.

El ministerio de la reconciliación

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” — 2 Corintios 5.17–21

Este ministerio es para todos

¿Cómo ha llegado la gente a Oasis? ¿Cómo llegaron a tu GAL? ¿Gracias a un programa de radio? ¡NO! Ha sido por RELACIÓN. Alguien le compartió de Jesús cara a cara. ¿Qué estamos esperando para seguir haciéndolo? Mira las noticias, sal de la cueva, alza tus ojos y mira. Es tiempo de siega, no es momento para estar dormido. Un cristiano que no habla de Jesús está dormido. “El que duerme en el tiempo de la siega es hijo que avergüenza.” — Proverbios 10.5

Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” — Mateo 5.13–16

Importancia del evangelismo en el mensaje de Jesús

Fue lo primero que le dijo a sus discípulos

“Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.” — Mateo 4.18–22

Fue lo último que le dijo a sus discípulos

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” — Mateo 28.19–20

“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” — Hechos 1.8

Hay que orar por los obreros, NO por la mies

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.” — Mateo 9.36–38

¿Cuántas veces hemos orado para que lleguen más personas a la iglesia? ¡La mies está lista! ¡Lo que hace falta es gente que vaya y la recoja! No ore porque venga gente nueva. ¡Ore porque los que estamos aquí metidos vayamos a traerlos! Alguien decía que “es más fácil hablarle a Dios de las almas, que a las almas de Dios”. ¿Quién agarra un montón de canastas de café, y las pone dentro de la bodega, y le ruega a Dios que los granos de café empiecen milagrosamente a llenar las canastas? Tenemos que entender que la iglesia no son estas 4 paredes. La iglesia somos nosotros. No podemos esperar a que los inconversos vengan a la iglesia. ¡La iglesia tiene que ir a los inconversos!

“El fruto del justo es árbol de vida; Y el que gana almas es sabio.” — Proverbios 11.30. ¿Cuándo fue la última vez que le compartiste de Jesús a alguien que estaba lejos de Él?

Iglesia: ¿hospital para sanos?

“Después volvió a salir al mar; y toda la gente venía a él, y les enseñaba. Y al pasar, vio a Leví hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y levantándose, le siguió. Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos; porque había muchos que le habían seguido. Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.” — Marcos 2.13–17

El cielo no es para los buenos, sino para los perdonados

Si Dios no hace discriminación de personas, ¿por qué nosotros sí? “Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio.” — Marcos 1.40–42

La ley decía que los leprosos no podían tener ningún contacto con las personas sanas. Tenían que gritar: “¡IMPURO!” y mantenerse fuera de la ciudad. Sin embargo, cuando este leproso se acercó a Jesús y le dijo: “Si quieres puedes limpiarme”, Jesús no se alejó. Para el asombro de todos, Jesús extendió su mano y tocó a este hombre que nadie había tocado durante años. Jesús no tenía que hacer eso; él sencillamente pudo haber sanado al hombre a través de su palabra. Pero en lugar de eso, extendió su mano para tocarlo, luego le dijo: “Sé limpio”. ¿Se contagió Jesús de lepra? ¡No, todo lo contrario! Jesús estaba tan lleno de vida y salud que “contagió” al leproso con las buenas nuevas del reino de Dios. Jesús era más contagioso con el poder y amor de Dios, que lo que el leproso era con su enfermedad. Si el Espíritu de Dios vive en su interior, usted también puede experimentar eso. Usted puede ser un cristiano más contagioso que la influencia del mundo. Observe sus manos por un momento. ¿Qué tan a menudo las extiende para servir a alguien que está alejado de Dios?

CONCLUSIÓN

“Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. Cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya muy avanzada. Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren pan, pues no tienen qué comer. Respondiendo él, les dijo: Dadles vosotros de comer. Ellos le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer? Él les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo. Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos peces. Y les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde. Y se recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta. Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos. Y comieron todos, y se saciaron. Y recogieron de los pedazos doce cestas llenas, y de lo que sobró de los peces. Y los que comieron eran cinco mil hombres.” — Marcos 6.34–44

¿Está Jesús en este lugar? ¿Hay aquí por lo menos 12 discípulos de Él? ¿Hay aquí un par de panes y peces? ¿Hay allá afuera 5000 personas? Deja de pensar como ellos, de que se necesitaban 200 denarios para alimentar a la multitud. Lo que necesitas ya lo tienes, se llama JESÚS, pan de vida para el que está hambriento. Hoy es un día para renovar nuestro compromiso con Dios. Tenemos una deuda de amor, una responsabilidad en este mundo. La lámpara no fue creada para sostener la puerta. Fue creada para alumbrar la casa.

¿Late tu corazón por lo mismo que latió el de Jesús? ¿Puedes decir que tienes compasión de ellos porque están desamparados y dispersos como ovejas que no tienen pastor? ¿Se conmueve tu corazón al verlos perdidos y sin Dios? ¿Qué es lo que extiendes hacia ellos: tu dedo para señalar, o tu mano para rescatar?

Si no tenemos esa compasión que Él tuvo, todavía tenemos esperanza. La compasión que Jesús sentía por los perdidos se nos transmite cuando pasamos tiempo de intimidad con Él. ¿Somos gente de comunión constante con Dios, o venimos sólo domingo a domingo a tratar de resucitar nuestra vida devocional? ¿Es Jesús el Alfa y Omega de nuestra vida, el Principio y Fin de nuestro día, el primer pensamiento en la mañana y el último en la noche?

“Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: HEME AQUÍ, ENVÍAME A MÍ Isaías 6:8

 

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