Retrovisor

Retrovisores

Hoy decidí salir a manejar sin los retrovisores de mi vida. Los lugares por los que pasé quedaron grabados en mi experiencia, pero ya no estoy ahí. ¡Voy hacia otro lugar, voy mirando hacia adelante!

“No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.” — Isaías 43.18-19

Jesús a los 33

Treintaitrés

Hoy cumplí 33 años.

Y estoy aquí, con sueños y deseos de alcanzar algo mejor, pensando en mi futuro, soñando con llegar más alto, con planes y promesas en mi mente. Cuántos hijos voy a tener, cuándo y dónde iré a construir mi casa, cuál será mi próximo proyecto en la iglesia, qué voy a seguir estudiando cuando termine mi carrera en la U, si el trabajo que ahora tengo es lo que realmente quiero, y muchos etcéteras.

Pero hace años esperaba este día, porque es un cumpleaños especial, único. Es el número 33, y éste número siempre lo he relacionado con la Persona más importante de mi existencia, a quien hoy quiero rendir homenaje, y a quien agradezco literalmente mi vida, lo que he sido, soy y seré.

Y es que tú estuviste ahí, renunciando a tus deseos con tal de obedecer, pensando en mi futuro, soñando con tenerme un día contigo, sabiendo que si no lo hacías nunca yo podría llegar hasta aquí. Pensando cuántos hijos esa sangre cubriría, preparando allá mi casa en tu morada celestial, rasgando el velo con tu muerte, empapando con vida a todos los que tuvimos la dicha de rociarnos con tu sangre.

Hoy miro hacia adelante y me parece ver más cosas en mi futuro que en mi pasado. Y entonces te miro a ti, que a esta edad lo único que tenías delante era una cruz. Ahora entiendo tus lágrimas de Getsemaní, y tu idea sobre la copa. Ahora entiendo que 33 años son bastantes, pero que todavía hay demasiado para conocer, realizar y disfrutar. Moriste demasiado joven, y lo hiciste por mí.

Jesús, hoy tengo la edad que tenías. Pero me da vergüenza siquiera intentar compararme contigo. A mí todavía me interesan mis sueños y mi comodidad, cuando a ti no te importó sufrir tanto dolor con tal de que yo y mis hermanos, millones de hermanos, hoy pudiéramos recordar tu muerte y celebrar tu vida. A los 33 años demostraste absoluto carácter, perfecto compromiso, total dedicación. ¡Me hace falta tanto por aprender!

Hoy rindo homenaje a ti, Jesús, por ser mi ejemplo, mi meta, mi anhelo y mi Dios. Por enseñarme durante todos estos años que no existe nada que valga la pena más que tú, y que no hay nada mayor que vivir y morir por lo que tú lo hiciste.

Siempre te amaré. Te adoraré. Te seguiré.

Casa Vieja

Hoy pasé caminando

Hoy pasé caminando junto a una casa.

Se veía igual que siempre, pero por dentro algo era diferente. Tal vez la noche anterior una ambulancia intentó llevar el último sorbo de aire al anciano que vivía allí solitario. O quizá estuvieron allí juntos hasta ayer 2 personas ex-enamoradas que no quisieron luchar más. O puede que antier una madre que allí vive sacara de la alacena la última lata de atún para sus varios hijos, sin tener idea de cómo reponerla antes de que tengan hambre de nuevo.

¿De cuál de todas las casas por las que hoy pasé estoy hablando? No tengo forma de saber. Casi todas se veían normales, casi todas tenían las ventanas cerradas. Tan cerradas como los corazones de las personas que también me topé. De ellos tampoco conozco la historia, ni sus secretos de ayer y de antier. Quizá tan desolados como aquellas casas, viéndose normales por fuera, pero con un profundo vacío por dentro. Con un vacío que tiene forma de cruz, menesterosos de pan y de agua que sólo pueden venir de Él.

¡Este mundo te necesita tanto, Jesús!


Ir arriba