David Azofeifa
Alfa y Omega

Alfa y Omega

Empieza el año con Dios como tu Alfa y Omega. Deja que Su luz disipe el caos y la oscuridad, y haz de Jesús el centro de cada decisión.

Casi todos hemos hecho propósitos de Año Nuevo: ahorrar dinero, hacer un viaje, conseguir novio o novia, comprar un carro, volver a la universidad, hacer ejercicio, salir de deudas, empezar un negocio, y la lista sigue. La mayoría de esos propósitos son en realidad una reacción al caos con el que terminamos el año anterior: los kilos de más, la tarjeta hasta el tope (porque Santa Claus no existe), la soledad de “Navidad sin ti”, la cuesta de enero y todo lo demás que arrastramos a un calendario nuevo.

Ya que estamos de pie al inicio del año, volvamos hasta el verdadero inicio: Génesis 1:1-4 (RV60).


En el principio

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”

Dios es el principio de todas las cosas. No importa cómo se desarrolló la creación, ni qué instrumentos o mecanismos usó Dios para hacerla posible. Es como el inicio de tu propia vida: no importa si llegaste por una cigüeña, por un repollo, en un paquete desde París o por un mal cálculo de tus padres. Ya sea que tu nacimiento fuera planeado, inesperado, fruto del pecado o un milagro absoluto, lo que importa es que Dios fue quien empezó tu vida cuando sopló Su aliento en ese ser microscópico.

Al comenzar este año, reconoce que es Dios quien, en Su misericordia, te está dando la oportunidad de vivirlo.


Vacío, sin forma y en caos

“Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.”

Los comienzos muchas veces son caóticos y vacíos. Imagínate un lienzo en blanco, listo para que Bob Ross pinte. Al inicio no hay nada. Luego empieza: una mancha café extraña por aquí, un brochazo azul cielo por allá, y siempre llega un momento en que uno piensa: “Este hombre arruinó todo”. Pero al final aparece un paisaje impresionante. Para Bob, siempre fue cuestión de tiempo.

Construir una casa empieza de una manera parecida: un lote vacío, una montaña de arena, huecos en el suelo, polvo por todas partes y gente trabajando. Para el ingeniero, también es cuestión de tiempo.

Así trabaja Dios. Hoy está empezando con nosotros un nuevo año en blanco, lleno de misericordia y oportunidad. Pero tal vez el inicio de tu año es más que vacío; tal vez está en desorden: deudas, conflictos, heridas, enfermedades, pecados, adicciones, cadenas. Piensa en todas las cosas que le has prometido a Dios mil veces que ibas a cambiar: tu actitud, tu lenguaje, la costumbre de mentir, la pereza en el trabajo, el pecado escondido, la forma en que vives tu sexualidad, la manera en que respondes al amor de Dios a través del servicio.

Ese es tu caos. Un comienzo desordenado, tal vez vacío. Entonces pregúntate: ¿qué falta? ¿Qué anhelaste recibir esta Navidad que el dinero no podía comprar? ¿Un abrazo de un familiar que no te habla desde hace años? ¿Un nuevo trabajo? ¿El calor de alguien que te ame tal como eres?


Sea la luz

“Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.”

No hay nada peor que caminar a oscuras por un cuarto lleno de cosas tiradas. Es como levantarse a medianoche para ir al baño y encontrar todo el camino desde la cama lleno de trampas: el bolso de la computadora portátil, el pantalón que te quitaste anoche, cables cargando el teléfono, la caja de pizza, el cortador de pizza, la cáscara de banano del postre y todo lo demás que dejaste en el piso. Lo primero que necesitas es luz.

Eso fue lo primero que hizo Dios. Encendió la luz de la creación. Los científicos dicen que, cuando la luz llegó a existir, el tiempo y el espacio empezaron con ella, junto con las leyes naturales que gobiernan el universo.

Hoy es un día para que esa palabra se cumpla en ti al inicio del año:

El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.

Isaías 9:2 (RV60)

Lo primero que necesitas es Luz. Y, aun así, algunas personas prefieren seguir caminando en la oscuridad, rodeadas del desorden:

Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.

Juan 3:19-21 (RV60)

¿Qué vas a escoger en este nuevo año: caminar en luz o en oscuridad?


Separar la luz de las tinieblas

“Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.”

Por supuesto que la luz es buena. Caminar de la mano de Dios es muchísimo mejor que cualquier cosa que el mundo ofrece. Pero la luz nunca fue creada para coexistir cómodamente con las tinieblas. Solo hay una forma de separar ambas:

Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.

Isaías 60:1-3 (RV60)

Cuando Jesús volvió a hablarle a la gente, dijo:

Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

Juan 8:12 (RV60)

Y en el libro de Apocalipsis (RV60):

Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos.

Apocalipsis 22:1-5 (RV60)

Es Jesús quien separa la luz de las tinieblas. ¿Qué lugar le vas a dar en este nuevo año?


Alfa y Omega

¿Cómo terminamos el año con la misma entrega con la que lo empezamos? ¿Cómo hacemos para no desanimarnos en el camino? La clave es esta: Jesús tiene que ser nuestro Principio y nuestro Fin.

He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.

Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.

Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Apocalipsis 22:12-16 (RV60)

“Alfa y Omega” significa que Jesús es nuestro Principio y nuestro Fin. También significa que Él es nuestro primer pensamiento en la mañana y nuestra última conversación antes de dormir. Significa que está presente durante todo el día, en cada decisión. ¿Qué haría Jesús? ¿Qué lo complacería y honraría?

Y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.

Apocalipsis 1:5-8 (RV60)


Que Jesús sea tu Alfa y Omega, tu principio y tu fin, en este nuevo año. Que guíe tus pasos, alumbre tu camino y se convierta en el centro de cada decisión. Escoge caminar en la luz y abraza la plenitud de vida que solo Él puede ofrecer.