David Azofeifa
Gracia: un regalo gratuito, pero costoso

Gracia: un regalo gratuito, pero costoso

La gracia de Dios es un regalo gratuito, pero le costó todo a Jesús. Nuestra deuda no desapareció sola; Él la pagó con Su vida y nos llama a vivir agradecidos.

Imagina que estás en alguna de estas situaciones:

  • Tienes una deuda enorme y no tienes cómo pagarla.
  • Cometiste un delito, te llevaron ante la ley y te declararon culpable.
  • Tenías el examen más importante de tu vida, no estudiaste y fracasaste miserablemente.
  • Llenaste el tanque de gasolina del carro, y al final te denegaron la tarjeta.

Exactamente esa es nuestra situación espiritual. Hay una deuda gigantesca que no podemos pagar. Hemos quebrantado las leyes de Dios con pensamientos, palabras, acciones, deseos, compañías y decisiones. El Espíritu Santo nos hizo un examen de santidad e integridad para el que definitivamente no habíamos estudiado, y salimos reprobados. Llenamos el tanque de la vida fingiendo una aparente felicidad sin fundamento, y al final no teníamos nada para sostener la mentira.

Entonces, ¿qué se supone que haga Dios si de verdad es bueno?

Tal vez esperamos que simplemente ponga la deuda en cero, borrón y cuenta nueva; que perdone la condena y nos dé libertad bajo palabra; que anule el examen final y nos haga la curva; o que nos deje ir con el tanque lleno sin pagar. El problema es que eso no sería gracia. Sería alcahuetería. Sería malcriarnos, dejando cada error sin responsable y sin ninguna lección para el futuro.

Dios no es un papá alcahuete. ¿Entonces debería exprimirnos hasta el último centavo, echarnos Él mismo en la cárcel o reírse en nuestra cara por haber reprobado el examen de la vida? No. Él no es un tirano ni se goza en nuestro dolor o culpa. Él es justo. Y la justicia se trata precisamente de que las deudas, delitos, malas notas y pecados deben ser pagados. Alguien tiene que hacerse responsable.

Exactamente de eso se trata la gracia: todo lo que nos tocaba pagar a nosotros lo pagó Él. No es la alcahuetería de “dejarlo así y ya”. Él es justo, y lo justo era que alguien pagara. Ese alguien fue Él mismo.

Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

Romanos 3:21-26 (RV60)


La gracia como un regalo gratuito

El 15 de setiembre del 2008 salí a pasear con mi novia aprovechando el feriado. Fuimos a almorzar, y luego visitamos Zoo Ave, en La Garita de Alajuela. Parecía un día normal. Pero esa noche, cuando fuimos a cenar a un restaurante argentino, en medio de la conversación saqué de la “nada” un anillo de compromiso y le propuse matrimonio ahí mismo.

Seis meses después nos casamos, y desde entonces soy oficialmente el hombre más dichoso y feliz del mundo y sus alrededores.

Ella no tenía idea de que ese día iba a recibir un regalo tan significativo. De pronto, su dedo anular, que estaba vacío, ya no lo estaba. Sin esperarlo, y sin saber todo lo que había pasado para hacerlo posible, esa noche se convirtió en un antes y un después en su vida.

Así fue cuando conocimos a Jesús. Inesperado y sorpresivo, Su amor nos encontró. Sin importar el pasado, Su abrazo divino llegó para quedarse y cambiarnos la vida para siempre. ¿Te acuerdas cómo estaba tu vida justo antes de tu Encuentro? Él llegó “como lluvia bajo el sol, como ladrón en la noche, como nieve en verano”.


La gracia como un regalo costoso

Lo que muchas veces no consideramos es todo lo que pasó antes.

Meli no sabía que varios meses antes yo había estado ahorrando. Tampoco se dio cuenta de que el viaje a Estados Unidos que hice quince días antes no era solo para pasear e ir de compras. Ella no supo que hubo un día entero en el que recorrí todos los malls de Orlando buscando el regalo más valioso y especial que jamás había pensado regalar. En ese viaje puse en riesgo mi salud y me dañé, gracias a Dios temporalmente, los oídos por culpa de un resfrío que empeoró con la presión del avión.

En el restaurante, lo único que ella tenía que hacer era recibir el regalo. Pero mucho antes de ese momento, yo tuve que ahorrar, planear, viajar, correr, buscar, escoger y comprar, haciendo cien cosas para que ella pudiera recibir un anillo digno de ella.

Meli todavía no sabe exactamente cuánto me costó ese anillo.

Lo mismo pasa con Jesús. Tal vez nunca lleguemos a comprender por completo la magnitud del regalo de la salvación. Tú ni siquiera habías nacido cuando Él lo planeó, se despojó a Sí mismo, nació, creció, se preparó, actuó, sufrió, guardó silencio, murió y resucitó, para que hoy, miles de años después, pudieras recibir el regalo gratuito de la salvación.

Gratuito, pero infinitamente costoso.

Solo el mismo Dios podía pagar ese precio, y lo pagó con Su propia vida: sangre brotando de Su costado, espinas destrozando Su cabeza y clavos rasgando Sus manos y Sus pies hasta lo insoportable. Tu deuda no se blanqueó sola. Tu crimen no quedó impune. Él murió justamente en aquella cruz para que tú y yo no tuviéramos que pagar con nuestra propia vida. El castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por Su llaga fuimos nosotros curados.

Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Efesios 2:1-10 (RV60)

¿Ves ahora por qué le debes todo a Jesús? Él no tomó el acta de cargos contra ti para esconderla en silencio donde nadie la encontrara. La clavó en Sí mismo en la cruz. Lo hizo porque Él es justo, y Su justicia no puede simplemente pasar por alto el pecado.

Hoy es un día perfecto para rendirle tu vida en gratitud por ese regalo infinito, inmerecido e inexplicable: perdón, misericordia, salvación, bendición y el regalo de Su propio Espíritu, para que puedas vivir una vida plena y con propósito.

Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

Tito 2:11-14 (RV60)

Porque somos Su obra, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que las hiciéramos. Y porque Él hizo esto para demostrar Su justicia en este tiempo, para ser justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en Jesús.