David Azofeifa
Hambriento

Hambriento

Una hamburguesa rechazada se convierte en una reflexión sobre el hambre escondida, los sustitutos superficiales y el regalo que Jesús sigue ofreciendo.

Etiquetas: Hambre, Jesús, Necesidad, Rechazo, Salvación, Hambriento

Ayer me pasó algo extraño.

Acababa de recibir una orden de comida en el curbside pickup cuando vi a un señor mayor con un rótulo de cartón que decía “STARVING”. Saqué una hamburguesa de mi bolsa y se la ofrecí.

De mala gana me gritó varias cosas que no entendí, y se alejó enojado sin recibirme la comida. Dani y yo nos quedamos en shock, extrañadísimos con la situación. Concluimos que, aunque el rótulo hablaba de hambre, posiblemente lo que el hombre quería era dinero, sabe Dios para qué.

Me quedé pensando, y encontré esta lección: ahí afuera hay un mundo de gente hambrienta que no entiende bien qué le hace falta.

Tal vez no somos tan diferentes. A veces creemos que tenemos hambre de una cosa cuando el alma en realidad está hambrienta de algo completamente distinto. Andan pidiendo amor, pero cuando les ofrecen amor verdadero, lo rechazan porque lo que quieren es placer superficial. O piden a gritos salvación eterna, pero cuando se las ofrecen dicen que no les interesa, porque prefieren felicidad terrenal.

Confieso que sentí feo cuando me rechazó la hamburguesa.

Entonces recordé a Jesús.

Pero imagínese lo que debe doler que le rechacen a uno el haber derramado la sangre.

Y aun así Su oferta sigue ahí. Siempre.

Incluso cuando no sabemos de qué tenemos hambre realmente, Jesús sí lo sabe. Él es el único que puede alimentar el alma y satisfacer el hambre que nada más puede tocar.