Injusticia
Una reflexión cristiana sobre el sufrimiento y la injusticia, mirando a Job y recordando que Dios sigue siendo nuestro consolador y defensor.
Etiquetas: Dios, Esperanza, Injusticia, Ley de la siembra y la cosecha, Dolor, Paciencia, Sufrimiento
La ley de la siembra y la cosecha no lo explica todo en esta vida. Conozco personas que están cosechando cosas que nunca sembraron. Ese tipo de sufrimiento, el dolor de no saber por qué algo pasó, llena el corazón de frustración y de esa sensación horrible de que Dios se olvidó.
Eso se llama injusticia, y la buena noticia es que Dios también tiene una respuesta para eso. Él es tu abogado. Aun cuando el dolor entra en tu vida por una razón que tú no puedes explicar, como le pasó a Job, al final Él saldrá en tu defensa (Isaías 59:19, RV60).
Los tres amigos de Job repasaron todas las teorías y suposiciones que se les ocurrieron, tratando de encontrar dónde estaba la culpa de Job. Pero esa nunca fue la respuesta. Era injusticia, y la única forma de atravesarla era esperar.
En medio de esa espera es normal perder la paciencia. Es normal reclamarle a Dios por Su silencio. Es normal sentir el impulso de rendirse. Pero justo ahí irrumpe la voz del Padre, levantándote del luto y diciéndote lo que le dijo a Jerusalén: “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros” (Isaías 49:15-16, RV60).
Esta palabra es para ti hoy: aunque todavía no has terminado de leer el libro de tu vida, Él terminó de escribirlo hace mucho tiempo. Y no es cualquier final. Dice así:
“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo” (Apocalipsis 21:4-7, RV60).