La noche en que naciste
Una reflexión agradecida sobre el nacimiento, la muerte y la resurrección de Jesús, y sobre cómo esos hechos sostienen la fe y transforman la vida.
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Gracias por la noche en que naciste. Porque en la prisión de aquel diminuto cuerpo mortal vino a comprimirse la eternidad.
Gracias por la tarde en que moriste. Porque de repente implosionó Tu divinidad infinita en el agujero negro de la debilidad y la muerte humana.
Pero sobre todo gracias por la mañana en que resucitaste, porque ahí, dentro de esa tumba, trastornaste todas las leyes del universo… especialmente las que me acusaban y sentenciaban a mí. En ese único hecho descansa la totalidad de mis esperanzas, convicciones y argumentos.
Gracias porque ya no necesito ver para creer. Es más, nada que pueda ver con mis ojos será nunca más real que esa escena que mil veces he tratado de imaginar en mi mente: luz por todos lados, lienzos cayendo al suelo y Tus manos acomodando el sudario. De alguna manera, el resplandor dentro de esa cueva todavía me ilumina a pesar del paso de los siglos.
Eres la única luz que alumbra bien. El único pan que sacia. La única agua que refresca por dentro. El único Camino que quiero recorrer. La única Verdad que acepto. La única Vida que vale la pena vivir.