David Azofeifa
Luces de colores en el camino

Luces de colores en el camino

El camino de la vida tiene momentos amarillos de precaución, temporadas rojas de espera y luces verdes para avanzar. Cada luz refleja el tiempo de Dios, guiando nuestros pasos hacia propósito y crecimiento.

Etiquetas: Fe, Progreso, Resiliencia, Fortaleza, Semáforos

Imagina tu vida como un camino largo que te lleva hacia tu propósito. Hay tramos suaves. Otros son duros. A veces uno llega a un río sin puente, a una cuesta que parece no terminar nunca, o a un tramo larguísimo sin una sola señal. Algunos días, otras personas van manejando a tu lado. Otros días, la soledad es el único pasajero en el carro.

Vas manejando hacia tus sueños cuando, más adelante, un semáforo enorme se pone en AMARILLO.

Creciendo en Costa Rica aprendí que muchos tratamos el amarillo como permiso para apurarnos. Aceleramos antes de que se ponga en rojo, o antes de que los carros al lado siquiera empiecen a moverse. Pero en la vida, las luces amarillas son esos momentos críticos en los que tenemos que escoger entre salir corriendo hacia adelante o bajar la velocidad. La tentación empieza a discutir con la responsabilidad. La emoción empieza a gritar más fuerte que la conciencia.

A veces una luz amarilla es Dios pidiéndonos que hagamos una pausa, respiremos y busquemos Su dirección antes de que una decisión nos descarrile. No siempre es un no. A veces es misericordia.

“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.” – Salmo 119:105 (RV60)

Unos segundos después, la luz se pone en ROJO.

Ahora te toca detenerte. Las luces rojas son esas temporadas en las que uno se siente inmóvil, sentado sin avanzar mientras todo el mundo parece pasar a toda velocidad. Amigos graduándose, casándose, empezando negocios, persiguiendo sueños, llegando a lugares a los que tú pensaste que ya habrías llegado. Sigues esperando. Y esperar puede sentirse como fracaso cuando uno olvida quién controla la luz.

Yo sé lo frustrante que puede ser. Pero nadie apaga el motor y abandona el carro solo porque el semáforo está en rojo. Uno se mantiene listo. Mantiene las manos cerca del volante. Sigue mirando, porque la luz no va a quedarse roja para siempre.

“Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado. Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana, más que los vigilantes a la mañana.” – Salmo 130:5-6 (RV60)

Entonces, de pronto, la luz se pone en VERDE.

Es hora de avanzar hacia la meta. Y si tú no te mueves, la gente detrás de ti también se queda detenida. Como ministros, líderes, padres, amigos, o simplemente como personas de fe, tenemos que aprender a reconocer esas ventanas de oportunidad cuando Dios dice: “Ahora”. Si dudamos demasiado, la luz puede volver a ponerse roja.

Así que persigue los sueños que Dios puso en ti. Conviértelos en planes. Vuelve a ponerlos en Sus manos. Confía en Él lo suficiente como para dar el paso.

“Ocupado en esto, iba yo a Damasco con poderes y en comisión de los principales sacerdotes, cuando a mediodía, oh rey, yendo por el camino, vi una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo.” – Hechos 26:12-13 (RV60)

“Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda.” – Isaías 30:21 (RV60)

Sean cuales sean los atrasos que hayas enfrentado, no abandones el camino. El semáforo nunca estuvo ahí para humillarte. Está ahí para guiarte. La Palabra de Dios da luz, tiempo, dirección, corrección y valentía para cada tramo del viaje.

Así que baja la velocidad cuando Él diga amarillo. Espera cuando Él diga rojo. Avanza cuando Él diga verde.

Y siga adelante.

“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” – Filipenses 3:13-14 (RV60)