Reenfocar la Adoración
Reflexiones tras años en el ministerio de adoración sobre la elección de canciones, los arreglos pregrabados y el lugar de la tecnología en la congregación.
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He sido parte de ministerios de adoración toda mi vida, viendo cómo las tendencias van y vienen mientras Su Palabra permanece. Amo la adoración, y por eso me preocupan algunas costumbres que he visto desarrollarse en las iglesias con los años.
La adoración es un espacio sagrado. Es tiempo apartado para encontrarnos con Dios y dejar que Su presencia nos renueve y transforme. Pero poco a poco siento que hemos caído en patrones que hacen que la adoración se sienta más como una producción que como un encuentro verdadero.
Las canciones que escogemos parecen depender cada vez más de los lanzamientos recientes de la música cristiana contemporánea, especialmente los de artistas conocidos. Muchas son hermosas, pero concentrarnos en lo popular puede dejar poco espacio para canciones de otros años que todavía tienen algo que decirle a la congregación.
Hay algo increíblemente especial en escoger una canción no porque sea nueva, sino porque calza con el momento que Dios nos ha dado.
Esta hambre de canciones más profundas y significativas se ha vuelto tan evidente que algunas iglesias ahora hacen servicios “retro”, desempolvando canciones antiguas de adoración como si fueran una rareza. Es hermoso volver a esas canciones, pero no puedo evitar preguntarme por qué las tratamos como “retro” en primer lugar. La música de adoración arraigada en la Escritura no debería ser algo que sacamos solo en ocasiones especiales. Debería estar entretejida en nuestra adoración regular, recordándonos verdades que nunca envejecen.
Respeto profundamente el trabajo que los ministerios de adoración han hecho en los últimos años. La habilidad con el sonido, la iluminación y los medios ha creado experiencias que genuinamente ayudan a las personas a conectar con Dios. Pero a veces me pregunto si, poco a poco, estamos convirtiendo la producción en la meta.
También noto costumbres como mantener un pad en 1+5 durante todas las canciones, aunque choque con otros acordes y agregue una disonancia innecesaria. El pad, el click y las pistas pueden ayudarnos, siempre que prestemos atención a lo que necesita cada canción.
También se volvió rutina depender de pantallas para las letras y de arreglos rígidos pregrabados, casi como si estuviéramos en piloto automático, rara vez libres para seguir al Espíritu cuando quiere llevarnos por otro camino. Y en el momento en que la computadora falla, el pánico corre entre músicos y cantantes, robándoles el enfoque y el gozo sencillo de contemplar la hermosura de Dios.
La tecnología es un regalo, pero no queremos que ocupe el centro del escenario cuando Él debería ser el principio, el fin y todo lo que está en medio.
La transmisión en vivo se ha convertido en una parte importante de la adoración, y es una bendición que nos permite alcanzar personas mucho más allá de nuestras paredes. Pero espero que nunca perdamos de vista el corazón de la adoración. La adoración no existe para verse mejor en una pantalla. Está llamada a ser real, honesta y a veces incluso cruda, reflejando los corazones genuinos de las personas en la sala.
Si seguimos organizando todo alrededor de lo que funciona mejor para la transmisión en vivo, corremos el riesgo de alejarnos de la riqueza y autenticidad que la adoración siempre debió tener.
Estas costumbres se formaron durante años, y podemos revisarlas al preparar cada servicio. Espero que sigamos cantando las canciones que nos han acompañado en momentos difíciles y escojamos arreglos que ayuden a la congregación a prestar atención a la Palabra de Dios. La adoración nos da tiempo para acercarnos a Él con el corazón humilde y abierto, tal como somos.