David Azofeifa
Verdades dolorosas

Verdades dolorosas

Una crítica dura una vez me quebró, pero también me hizo crecer. Si sientes que te quedaste atrás o que tu tiempo pasó, todavía hay esperanza.

Etiquetas: Crítica, Crecimiento, Aprendizaje, Dolor, Vergüenza, Verdad

Hace muchos años, una crítica cambió mi vida.

Quiero contar esta historia porque no todos han tenido la agridulce bendición de recibir un balde de agua tan fría. De alguna manera hemos sido entrenados para rechazar de primera entrada las críticas, e incluso nos hemos atrevido a clasificarlas como constructivas o destructivas, cuando en realidad mucho depende de cómo las recibimos y reaccionamos a ellas.

En mi caso, la crítica no solo fue cruel, sino que además era totalmente cierta. Les cuento.

Un día estaba conversando con mi amigo y hermano Jonathan Solís sobre una idea, y ahí me soltó la bomba. Me comentó que “alguien” (nunca supe quién), cuando escuchó sobre mi proyecto, dijo lo siguiente: “Ah, David Azofeifa… buenísimo para EMPEZAR cosas”.

Me quedé callado. Herido. Enojado. Pero conforme pasaron los días, fue creciendo mi conciencia de que esa persona tenía razón.

En mi introspección recordé varias cosas feas. La primera fueron mis estudios universitarios abandonados. En 1995 entré a estudiar Ingeniería en Computación en el TEC, pero mi inmadurez, mezclada con la distancia y la bruma cartaginesa, terminaron ganándome. Traté de mover mis estudios informáticos a la UCR, donde también había intentado estudiar Economía. Pero al final preferí trabajar, y con los años ya no supe desligarme del salario. Luego esto empeoró por causa de grandes deudas que adquirí por idiota. Eso es historia y testimonio aparte.

También recordé otros abandonos a nivel familiar, emocional, espiritual, amistades e ideas. Una de ellas fue el increíble proyecto CristoNet, nacido en una conversación con mi gran amigo Boris Cabezas y sobreviviente gracias a la intervención salvadora de mi amigo Walter Quesada. ¡Vaya recuerdos!

Cuando me casé con Melissa en el 2009, arrastraba todavía sensaciones de fracaso por esas cosas que no había logrado terminar. ¡Yo, sin títulos, me había casado con una Máster en Operatoria Estética Dental! Pero un día ella llegó con otra palabra que cambió mi vida. Me dijo: “David, ¿por qué no regresa a la U? Como yo soy profesora en la U Latina, usted tendría una beca del 40% de descuento”.

No lo pensé mucho. Era un deseo de muchos años, y la persona que más he amado en el mundo me estaba dando su voto de confianza.

Nunca voy a olvidar el día que fui al TEC a pedir la constancia de notas de las materias que había aprobado, para convalidarlas en la U Latina. Cada metro cuadrado, cada edificio de cada pabellón de ese lugar me gritaba que era un fracasado. Sentí como si el TEC entero se burlara en mi cara. Fue algo fatal, que no le deseo a nadie.

Ahí comenzó mi restauración. En el 2010 entré a estudiar Tecnologías de Información para la Gestión de los Negocios (mi esposa siempre me ha vacilado por el nombre tan largo de mi carrera), y me gradué en diciembre del 2016. ¡Imagínense mi alegría! Aunque era de los más veteranos en la ceremonia de graduación, por fin lo había logrado.

Inmediatamente me matriculé en la maestría en Psicología Industrial y Organizacional, que terminé en octubre del 2018. Era como si finalmente hubiera redimido el tiempo perdido. De hecho, haber conseguido esos títulos me abrió las puertas en mi tierra prometida laboral: la empresa donde había soñado trabajar toda mi vida, Microsoft.

¿Por qué les cuento todo esto? Porque sé que hay sueños frustrados en muchos de ustedes. Porque sé que no es fácil recibir críticas. Porque entiendo que no a todos nos costó lo mismo salir adelante. Porque sé que muchos están resignados a que ya pasó su tiempo, pues se enredaron en cosas que consumieron sus recursos, energía y prioridades.

Porque algunos necesitan saber que hay esperanza, y que aún hay chance de sacudirse de lo que les gritan las circunstancias y el pasado.

Y porque sé que absolutamente todo lo bueno y malo que me ha pasado en la vida es para compartirlo, pues contiene lecciones importantes que no solo yo necesitaba aprender.

Te ofrezco una mano, porque también yo tuve personas en mi camino que me ayudaron a superarme. Si te interesa conversar sobre sueños añejos y proyectos abandonados, hablemos. Si ya nadie cree en tus ideas, o sentís que ya pasó tu tiempo, hablemos. Te lo digo por experiencia propia: ¡no todo está perdido!