Desentierra Tu Fe
Una reflexión sobre la fe que se queda en planes, el temor ante decisiones difíciles y la responsabilidad de actuar conforme a lo que creemos.
Etiquetas: Batalla, Reto, Sueños, Esfuerzo, Fe, Frustración, Camino, Resiliencia, Luchas, Cuesta arriba, Trabajo
¿Qué quieres hacer? Esa idea que tienes, ¿ya sabes cómo la vas a convertir en realidad? Tal vez se trate de terminar tus estudios, conocer a quien será tu cónyuge, comenzar tu propia empresa, aprender otro idioma o tomar esa decisión difícil que solo tú pareces entender.
¿Adónde quieres llegar? ¿Qué estás esperando para moverte hacia adelante?
Podemos comenzar con grandes sueños y aun así pasar años posponiendo las decisiones que requieren. Cuando miramos atrás, el entusiasmo que nos movía puede haber dado paso a la frustración de haber hecho tan poco con él.
¿Cómo van tus proyectos? ¿Dónde están las palabras que Dios te ha dicho? Por favor, no me digas que las tienes enterradas en el cementerio de las buenas intenciones.
¿Será que tu fe está muerta y por eso la enterraste? La Biblia dice que la fe sin obras está muerta, y quizá eso explica mucho: te ha faltado hacer, actuar, caminar. Tal vez tu fe se quedó en el papel y no te has atrevido a dar el paso por temor. El temor paraliza, debilita y, si lo dejamos, termina enterrando sueños que todavía tenían vida.
Estoy cansado de escuchar esa mentira tan común de que si algo se pone cuesta arriba, entonces seguramente no es la voluntad de Dios. Muchas veces eso no es discernimiento; es una excusa miserable para no luchar, sacudirnos la responsabilidad y esperar que Dios haga absolutamente todo, incluso lo que nos toca a nosotros.
Esa es la mentalidad de los diez espías: la que dice que no puede ser voluntad de Dios caminar hacia donde hay gigantes y ciudades amuralladas. ¿A quién vas a escuchar? ¿A las voces que siempre tienen un “no” como respuesta automática, o a esos dos valientes que sí conocían a su Dios y se atrevieron a responder que sí?
Yo creo que ya es hora de despertar. Es hora de resucitar metas y sueños muertos, y de ponerle vida a la fe.
Créele a Dios, pero no de palabra ni de intención solamente. Créele de verdad, con hechos, dispuesto a lanzarte con valentía hacia la conquista de la tierra que Él te prometió.
Adelante.